El número de países en desarrollo independientes – no más de veinte al final de la Segunda Guerra Mundial, casi todos ellos en América Latina – pronto aumentaron sustancialmente debido a la decolonización, particularmente en África, Asia y el Caribe. Una indicación de esta expansión continua es el hecho de que el Grupo de los 77 (G-77) de los países en desarrollo, originalmente establecido en 1964 para actuar como órgano de negociación colectiva dentro de las Naciones Unidas a través de la UNCTAD, ha crecido hasta contar con 134 miembros.

El trabajo de personalidades fuertes, incluyendo a Nehru de India, Nasser de Egipto, Sukarno de Indonesia y Tito de Yugoslavia, había creado la ilusión de un Tercer Mundo como un mediador político idóneo, entre el Primer Mundo de Occidente de los países capitalistas y un llamado segundo mundo de los socialistas al alero soviético o de China. En este grupo, Chile tuvo un rol simbólico determinante en las relaciones internacionales y para la expansión del socialismo.

El contexto económico, social y político en Chile que permitió la instalación del gobierno de la coalición de partidos políticos denominada Unidad Popular con el Presidente Salvador Allende a la cabeza en 1970, fue el de un país del Tercer Mundo, donde los niveles de educación, salud y acceso a bienes de consumo y subsistencia eran precarios para un importante porcentaje de la población que estaba sumergida en la pobreza, debido a que el poder económico estaba en manos de una oligarquía de tradición agro-industrial compartida o entregada totalmente, en ciertos rubros de la economía, a empresas multinacionales, principalmente norteamericanas, inglesas y japonesas.

En el gobierno del demócrata cristiano Eduardo Frei (1964-1970) se llevó a cabo la “chilenización del cobre” que consistió en asociarse con las grandes compañías norteamericanas de la minería del cobre. Luego, en el gobierno de Allende se adopta una postura más radical y se realiza la “nacionalización del cobre” en 1971, es decir, una expropiación de la propiedad de las empresas mineras extranjeras a favor del Estado de Chile. Este marco de reordenamiento económico y fundamentalmente de capitalización de recursos para sostener el programa de gobierno de la Unidad Popular es el contexto al que llega Hubert Fichte en su visita a Chile.

Luego de su primer viaje a Brasil, Fichte pudo constatar que la “postal” de pobreza extrema del Tercer Mundo en América Latina estaba íntimamente ligada a los procesos políticos autoritarios en que muchos de los países de la región estaban sumidos desde mediados de la década del 1950. De esta forma, el proyecto socialista de la Unidad Popular era visto como un experimento relevante en esta zona económica del mundo, como un modelo para salir del subdesarrollo, la pobreza y la lucha contra la represión.

El proyecto SUPRASENSIBILIDADES surge a partir del término Versuch y de la acepción utilizada por Hubert Fichte, que le atribuye la noción de laboratorioo experimentoy que también se relaciona directamente con el título de su libro Versuch über die Pubertät[1]. Asímismo, la exposición en Santiago de Chile se enlaza con el viaje realizado por Hubert Fichte junto a Leonore Mau (1916-2013) a Chile en 1971, recorriendo diferentes ciudades como Santiago, La Serena, Antofagasta e incluso Rapa Nui. En este viaje Fichte vive en primera persona su encuentro con el proyecto socialista de la Unidad Popular y los diversos modos en que este nuevo proceso político, económico, social y cultural estaba siendo experimentado. Por lo mismo, esta exposición se plantea como un ensayo en relación al inédito método etnográfico que desarrolló Fichte en sus múltiples viajes, donde observó y analizó comparativamente los rasgos culturales, políticos, religiosos y sexuales de diferentes comunidades, principalmente en África, el Caribe y Brasil. En Chile, su objetivo fue observar al gobierno de la Unidad Popular y sus desafíos revolucionarios, así como las reformas que enfrentaría, principalmente el problema de la pobreza extrema. Sin embargo, sus expectativas sobre una nueva sociedad y el nacimiento del “hombre nuevo” eran desmedidas y disonantes en relación a sus experiencias. La realidad cultural chilena de la época se mantuvo distante de la población indígena, atribuyéndole un comportamiento salvaje[2] que lo alejaría de su hipotética inclusión nacional y del reconocimiento de su religiosidad, cultura y organización social. Asímismo, los chilenos y chilenas se manifestaban moralmente en forma refractaria a la homosexualidad[3] tal como escribe Fichte:

“Un día una especie de revista traía el titular: ‘Los invertidos arrestados son los siguientes’. Y toda la portada llena de nombres, y direcciones, y profesiones.

Jäcki se lo mostró al ministro de justicia.

Esa es la nueva política sexual de Allende.

Por el amor de Dios, no, un periódico popular delirante.”[4]

y distantesde la corporalidad en relación a la religión. Estosaspectos están expresados por Fichte en un relato desbordado, con un lenguaje transdisciplinario (de la novela a la poesía o del periodismo a la etnografía), que se manifiesta exultante en el capítulo dedicado a Chile en su libro Explosión(1982).

El sufijo “supra-” expresa “exceso”[5], lo que en esta exposición se manifiesta desde la forma de escribir de Fichte hasta cómo cada artista participante ha abordado diferentes tópicos desarrollados por él en sus investigaciones-narraciones o cómo se plantean y se responden múltiples preguntas sobre la condición cultural de diferentes comunidades en Chile. También existen en la época aspectos propios de una cultura en desarrollo como la reticencia a la importancia de las singularidades, de las alteridades y de las subjetividades como parte de la construcción de identidad cultural que son relevantes para las obras de la exposición. A propósito de esto último, Fichte se manifiesta explícitamente sobre la oportunidad de que este nuevo gobierno socialista podría ser el modelo para América Latina para derrotar la pobreza, enfrentar la tortura y aceptar la diferencia.

En este sentido, SUPRASENSIBILIDADES no es una exposición interpretativa, más bien es un experimento crítico sobre la historia de Chile y sobre la posibilidad de abordarla fenomenológicamente. Desde un punto de vista metodológico, Fichte modela un tipo de relato que apela a la memoria, la biografía y la corporalidad, donde los cruces se encuentran con los tópicos explorados en Chile a principios de los años 70 del sigo pasado, que hoy resuenan estridentes debido a las nuevas condiciones polares de la política, a las diferencias e inequidades económicas, es decir a un nuevo discurso de pobreza versus riqueza y especialmente a los recientes debates sobre feminismo y homosexualidad.

La historia del arte contemporáneo chileno se estructura fundamentalmente desde la poesía y también desde la literatura. Las obras realizadas en los años 80del siglo pasado fundan estrategias discursivas que permitirían articular una tentativa de identidad artística anclada en la reflexión sobre la memoria, la política y el paisaje. En este terreno surge a fines de los mismos años 1980sel colectivo de disidencia política homosexual Las Yeguas del Apocalipsis, conformado por Pedro Mardones, más tarde Lemebel (1952-2015), su apellido materno y Francisco Casas (1959). Sus performances e intervenciones apelaban a la coyuntura de la dictadura, al rol de la disidencia sexual, a su marginalidad como reflejo del mundo popular y posteriormente a una postura crítica sobre el naciente período de recomposición democrática de postdictadura. Las Yeguas del Apocalipsis estuvieron activas hasta 1983. Posteriormente, Pedro Lemebel adquirió una importante relevancia nacional e internacional por su trabajo literario, donde relevó el mundo marginal y pobre de la homosexualidad popular, adoptando un lenguaje que apela a la oralidad coloquial, a través de una investigación errante en primera persona, como lo expresa Ignacio Echevarría en el prólogo del libro Poco Hombre (Santiago de Chile: Ediciones UDP, 2013).

Fichte en algunos pasaje de Chile: Experimento por el futuro. Una fenomenología de la conciencia política también se expresa oralmente en relación al uso de modismos chilenos de la época en que visitó Chile y especialmente a su condición de homosexual. En esta operación, Fichte utiliza una reducción del lenguaje en enumeraciones y listas que le ahorró un esfuerzo excesivo. Sin embargo, la repetición, la puntuación idiosincrática y la peculiaridad de hacer que cada oración tenga su propio párrafo propiciaron un sistema de escritura subversivo, equivalente en forma especial a la manera de enfrentar la institucionalidad, por ejemplo su entrevista con Salvador Allende, desde su marginalidad homosexual.